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Convivencia positiva

Los cambios sociales exigen un proceso de adaptación continua al sistema educativo. Educar en el siglo XXI es mucho más que transmitir conocimientos. Implica desarrollar competencias que favorezcan la integración personal, social y laboral de las nuevas generaciones en un contexto social en constante evolución. En el ámbito que nos ocupa, "aprender a convivir" constituye una de las finalidades básicas del sistema educativo. El reto de los centros escolares es desarrollar un modelo de convivencia asumido por la comunidad educativa (lo que implica la participación en su elaboración y desarrollo de las familias, el profesorado y el alumnado) y basado en valores democráticos. El "aprender a convivir" está relacionado con todas las competencias básicas (por lo que impregna toda la tarea del centro), pero especialmente con las competencias "Social y Ciudadana" y "Autonomía e iniciativa personal". Competencias que al no tener un área de referencia, corren el riesgo de difuminarse. Aspectos como el ejercicio responsable de la ciudadanía, el aprender a implicarse en el propio centro y en la vida social, el aprendizaje del diálogo, el respeto a los derechos humanos, la empatía hacia las víctimas, la actitud positiva ante los conflictos, el desarrollo de habilidades sociales y el control emocional, la capacidad de convertir ideas en proyectos y de llevarlas a término, el autoconocimiento y el desarrollo de la autoestima, etc., son el núcleo de estas competencias y son aprendizajes imprescindibles para "aprender a convivir". Desde este punto de vista, los Planes de Convivencia se convierten en una herramienta muy útil para repensar, diseñar y visualizar las intencionalidades educativas de los centros respecto a estas competencias. Es por ello por lo que se considera totalmente necesario que todos los centros educativos cuenten con un Plan de Convivencia Anual y tengan constituido el Observatorio de la Convivencia.

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